martes, 24 de enero de 2017

Water Well Journal Edc Cstellano 2014. Temas de seguridad



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viernes, 20 de enero de 2017

INUNDACION DE UN POZO DE AGUA, WATER WELL JOURNAL EDSC ESPAÑOL 2014



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jueves, 10 de septiembre de 2015

Contaminación de aguas subterráneas, motores enfriados por aceite



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viernes, 30 de mayo de 2014

Informe de mantenimiento integral a un pozo de agua






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miércoles, 28 de mayo de 2014

Playa El Yaque, Edo Nva Esparta. Mapa Georeferenciado


Coordenadas:10° 53′ 48″ N, 63° 57′ 42″ W. Fuente: Bibiloteca Central. Universidad Central de Venezuela



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miércoles, 7 de mayo de 2014

EE UU prueba a sus ciudadanos que el calentamiento es real

Un informe de la Casa Blanca muestra los estragos del cambio climático El presidente apoya las evidencias científicas en televisión Los efectos del cambio climático ya no son una amenaza lejana, un problema que se pueda postergar. Tal y como alertaron los científicos de la ONU hace unos meses, la subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos, las sequías y las inundaciones van dejando su impronta en todo el mundo. Y Estados Unidos, el segundo país —por detrás de China— que más gases de efecto invernadero emite, es mucho más consciente desde que este martes la Casa Blanca hizo público un informe que alerta sobre las consecuencias del calentamiento en su territorio: dependiendo de dónde vivan, los estadounidenses tendrán más dificultad para acceder al agua, sufrirán más lluvias torrenciales o verán mermadas las cosechas. El informe, elaborado durante cuatro años por más de dos centenares de científicos y varias agencias gubernamentales, pretende exponer la literatura científica disponible acerca de un problema que preocupa a todos los líderes mundiales. Especialmente, a medida que se acerca la decisiva cita que tienen el año que viene en París, donde la cumbre del clima debería sustituir —y mejorar— el protocolo de Kioto y asignar un nuevo reparto internacional de emisiones. El llamado Informe Nacional del Clima es el tercero que encarga la Casa Blanca. Sin embargo, ninguno de los otros dos presidentes apoyó sus conclusiones como lo hizo ayer Barack Obama: el presidente dio varias entrevistas en televisión para hablar del cambio climático. ¿Pretende Estados Unidos reemplazar a Europa en el liderazgo de la lucha contra el calentamiento global? Manuel de Castro, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha y uno de los autores del último informe del IPCC (el panel de expertos de la ONU), señala que aún es pronto para asegurarlo —“el próximo año en París vamos a tener una excelente ocasión de comprobarlo”, dice— pero valora que el hecho de que Obama “haga bandera” del informe “podría hacer pensar que se va a tomar más en serio el asunto”. El presidente tiene, eso sí, “muchos intereses que juegan en contra, empezando por las reservas energéticas fósiles que parece que les van a convertir en autosuficientes”. Aún no se puede afirmar que EE UU se quiera poner al frente de la ofensiva global contra el cambio climático, pero si quisiera hacerlo la UE ya no le disputaría el puesto como antes. Tras meses de tiras y aflojas entre los Estados, Bruselas aprobó en enero un compromiso medioambiental para 2030 menos ambicioso que el actual, algo que se ha interpretado como un paso atrás en su liderazgo internacional en materia de cambio climático. Desde Washington, en cambio, ayer se lanzó la que sus autores consideran “la mayor señal de alarma” sobre la urgencia con la que EE UU debe responder al desafío del clima. “Ya no estamos hablando de una realidad futura. El cambio climático afecta a todas las regiones del país”, afirmó John Holdren, director de la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca. El asesor defendió que el nuevo informe, “el más exhaustivo y con mayor autoridad sobre cómo el cambio climático está afectando a EE UU y lo hará en el próximo siglo”, aporta datos a las autoridades para decidir qué medidas deben tomar. Datos que sirven para que el cambio climático sea menos abstracto para el estadounidense medio, explica al teléfono Lou Leonard, vicepresidente de cambio climático de WWF en EE UU. “El informe manda el mensaje de que el calentamiento ya está sucediendo, y que se nota aquí, en el patio de atrás de cada ciudadano”, añade. En 2012, el mismo año que EE UU padeció los efectos del huracán Sandy, la región central del país era víctima de una de las peores sequías en su historia, un tercio de la población experimentó temperaturas por encima de los 38 grados durante más de diez días y se batieron 356 récords de temperatura en todo el país. El Informe Nacional del Clima analiza los efectos de estos fenómenos en ocho regiones, documentando sus consecuencias en el ámbito de la salud, el transporte, el agua, las infraestructuras, la economía, la energía y la agricultura. “Durante las últimas décadas hemos detectado los ámbitos en los que ha impactado el cambio climático; ahora, por primera vez, podemos conectar a todos entre sí”, explica Jerry Melillo, presidente del Laboratorio de Biología Marina y asesor de Obama. El cambio climático “afecta a la solvencia y capacidad del sistema de transporte” de EE UU, según el documento, disparará los efectos por “inundaciones en aeropuertos, bahías, puertos, túneles y líneas de tren”, y continuará desafiando la red de producción de energía del país y amenazando la salud de las personas a causa de “incendios, descenso de la calidad del aire, problemas de salud mental y enfermedades transmitidas por la comida el agua o mosquitos”. La Casa Blanca defiende que el estudio servirá para convencer a los escépticos. Obama necesita su apoyo, especialmente entre los republicanos de la Cámara de Representantes, para aprobar las medidas que permitan responder a los desafíos del clima cuanto antes. El plan contra el cambio climático de la Casa Blanca, de 2013, proponía inversiones en infraestructuras, como carreteras, puentes o incluso hospitales que tengan garantizado su funcionamiento durante huracanes o inundaciones. El informe relata que durante las últimas cinco décadas las precipitaciones torrenciales han aumentado un 71% en la región del noreste, un 37% en el centro del país y un 27% en el sur. Las altas temperaturas —con una subida media de un grado en los últimos 100 años— pueden ascender 4,5 grados a finales de este siglo. El texto añade que el mayor desafío al que se enfrenta el país es la subida del nivel del mar en la costa Este: la previsión es que ascienda más de 10 centímetros antes del fin de siglo. Los expertos destacan el esfuerzo que deberá hacer la ciudad de Miami para protegerse, con un proyecto multimillonario para evitar los efectos de las inundaciones. En el suroeste, las largas sequías dificultarán la lucha contra los incendios. La Casa Blanca alerta también de los efectos del cambio climático en la economía. Según sus estimaciones, la reconstrucción y los destrozos causados por el huracán Sandy tienen un coste de 65.000 millones de dólares (47.000 millones de euros). Los efectos de la sequía y las olas de calor costaron otros 21.500 millones de euros y las consecuencias por el empeoramiento del clima en todo el país, 7.900 millones de euros más. El informe destaca asimismo que el coste de no actuar es entre cuatro y diez veces superior al de invertir ahora en medidas de mitigación de los efectos del cambio climático. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/05/06/actualidad/1399410308_743685.html



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Climate Change Impacts in the United States

NATIONAL CLIMATE ASSESSMENT The National Climate Assessment assesses the science of climate change and its impacts across the United States, now and throughout this century. It documents climate change related impacts and responses for various sectors and regions, with the goal of better informing public and private decision-making at all levels. A team of more than 300 experts (see page 98), guided by a 60-member National Climate Assessment and Development Advisory Committee (listed on page vi) produced the full report – the largest and most diverse team to produce a U.S. climate assessment. Stakeholders involved in the development of the assessment included decision-makers from the public and private sectors, resource and environmental managers, researchers, representatives from businesses and non-governmental organizations, and the general public. More than 70 workshops and listening sessions were held, and thousands of public and expert comments on the draft report provided additional input to the process. The assessment draws from a large body of scientific peer-reviewed research, technical input reports, and other publicly available sources; all sources meet the standards of the Information Quality Act. The report was extensively reviewed by the public and experts, including a panel of the National Academy of Sciences, the 13 Federal agencies of the U.S. Global Change Research Program, and the Federal Committee on Environment, Natural Resources, and Sustainability CLIMATE CHANGE AND THE AMERICAN PEOPLE Climate change, once considered an issue for a distant future, has moved firmly into the present. Corn producers in Iowa, oyster growers in Washington State, and maple syrup producers in Vermont are all observing climate-related changes that are outside of recent experience. So, too, are coastal planners in Florida, water managers in the arid Southwest, city dwellers from Phoenix to New York, and Native Peoples on tribal lands from Louisiana to Alaska. This National Climate Assessment concludes that the evidence of human-induced climate change continues to strengthen and that impacts are increasing across the country. Americans are noticing changes all around them. Summers are longer and hotter, and extended periods of unusual heat last longer than any living American has ever experienced. Winters are generally shorter and warmer. Rain comes in heavier downpours. People are seeing changes in the length and severity of seasonal allergies, the plant varieties that thrive in their gardens, and the kinds of birds they see in any particular month in their neighborhoods. Other changes are even more dramatic. Residents of some coastal cities see their streets flood more regularly during storms and high tides. Inland cities near large rivers also experience more flooding, especially in the Midwest and Northeast. Insurance rates are rising in some vulnerable locations, and insurance is no longer available in others. Hotter and drier weather and earlier snowmelt mean that wildfires in the West start earlier in the spring, last later into the fall, and burn more acreage. In Arctic Alaska, the summer sea ice that once protected the coasts has receded, and autumn storms now cause more erosion, threatening many communities with relocation. Scientists who study climate change confirm that these observations are consistent with significant changes in Earth’s climatic trends. Long-term, independent records from weather stations, satellites, ocean buoys, tide gauges, and many other data sources all confirm that our nation, like the rest of the world, is warming. Precipitation patterns are changing, sea level is rising, the oceans are becoming more acidic, and the frequency and intensity of some extreme weather events are increasing. Many lines of independent evidence demonstrate that the rapid warming of the past half-century is due primarily to human activities. The observed warming and other climatic changes are triggering wide-ranging impacts in every region of our country and throughout our economy. Some of these changes can be beneficial over the short run, such as a longer growing season in some regions and a longer shipping season on the Great Lakes. But many more are detrimental, largely because our society and its infrastructure were designed for the climate that we have had, not the rapidly changing climate we now have and can expect in the future. In addition, climate change does not occur in isolation. Rather, it is superimposed on other stresses, which combine to create new challengesThis National Climate Assessment collects, integrates, and assesses observations and research from around the country, helping us to see what is actually happening and understand what it means for our lives, our livelihoods, and our future. This report includes analyses of impacts on seven sectors – human health, water, energy, transportation, agriculture, forests, and ecosystems – and the interactions among sectors at the national level. This report also assesses key impacts on all U.S. regions: Northeast, Southeast and Caribbean, Midwest, Great Plains, Southwest, Northwest, Alaska, Hawai‘i and the Pacific Islands, as well as the country’s coastal areas, oceans, and marine resources. Over recent decades, climate science has advanced significantly. Increased scrutiny has led to increased certainty that we are now seeing impacts associated with human-induced climate change. With each passing year, the accumulating evidence further expands our understanding and extends the record of observed trends in temperature, precipitation, sea level, ice mass, and many other variables recorded by a variety of measuring systems and analyzed by independent research groups from around the world. It is notable that as these data records have grown longer and climate models have become more comprehensive, earlier predictions have largely been confirmed. The only real surprises have been that some changes, such as sea level rise and Arctic sea ice decline, have outpaced earlier projections. What is new over the last decade is that we know with increasing certainty that climate change is happening now. While scientists continue to refine projections of the future, observations unequivocally show that climate is changing and that the warming of the past 50 years is primarily due to humaninduced emissions of heat-trapping gases. These emissions come mainly from burning coal, oil, and gas, with additional contributions from forest clearing and some agricultural practices. Global climate is projected to continue to change over this century and beyond, but there is still time to act to limit the amount of change and the extent of damaging impacts. This report documents the changes already observed and those projected for the future. It is important that these findings and response options be shared broadly to inform citizens and communities across our nation. Climate change presents a major challenge for society. This report advances our understanding of that challenge and the need for the American people to prepare for and respond to its far-reaching implications. This report assesses the science of climate change and its impacts across the United States, now and throughout this century. It integrates findings of the U.S. Global Change Research Program (USGCRP)a with the results of research and observations from across the U.S. and around the world, including reports from the U.S. National Research Council. This report documents climate change related impacts and responses for various sectors and regions, with the goal of better informing public and private decision- making at all levels. Key Message 4: Groundwater AvailabilityClimate change is expected to affect water demand, groundwater withdrawals, and aquifer recharge, reducing groundwater availability in some areas. Groundwater is the only perennial source of fresh water in many regions and provides a buffer against climate extremes. As such, it is essential to water supplies, food security, and ecosystems. Though groundwater occurs in most areas of the U.S., the capacity of aquifers to store water varies depending on the geology of the region. (Figure 3.6b illustrates the importance of groundwater aquifers.) In large regions of the Southwest, Great Plains, Midwest, Florida, and some other coastal areas, groundwater is the primary water supply. Groundwater aquifers in these areas are susceptible to the combined stresses of climate and water-use changes. For example, during the 2006–2009 California drought, when the source of irrigation shifted from surface water to predominantly groundwater, groundwater storage in California’s Central Valley declined by an amount roughly equivalent to the storage capacity of Lake Mead, the largest reservoir in the United States.64 Climate change impacts on groundwater storage are expected to vary from place to place and aquifer to aquifer. Although precise responses of groundwater storage and flow to climate change are not well understood nor readily generalizable, recent and ongoing studies 65,66,67,68 provide insights on various underlying mechanisms: 1) Precipitation is the key driver of aquifer recharge in waterlimited environments (like arid regions), while evapotranspiration (ET) is the key driver in energy-limited environments (like swamps or marshlands). 2) Climate change impacts on aquifer recharge depend on several factors, including basin geology, frequency and intensity of high-rainfall periods that drive recharge, seasonal timing of recharge events, and strength of groundwater- surface water interaction. 3) Changes in recharge rates are amplified relative to changes in total precipitation, with greater amplification for drier areas. With these insights in mind, it is clear that certain groundwater- dependent regions are projected to incur significant climate change related challenges. In some portions of the country, groundwater provides nearly 100% of the water supply (Figure 3.6b). Seasonal soil moisture changes are a key aquifer recharge driver and may provide an early indication of general aquifer recharge trends. Thus, the observed regional reductions in seasonal soil moisture for winter and spring (Figure 3.3) portend adverse recharge impacts for several U.S. regions, especially the Great Plains, Southwest, and Southeast. Despite their critical national importance as water supply sources (see Figure 3.6), aquifers are not generally monitored in ways that allow for clear identification of climatic influences on groundwater recharge, storage, flows, and discharge. Nearly all monitoring is focused in areas and aquifers where variations are dominated by groundwater pumping, which largely masks climatic influences,69 highlighting the need for a national framework for groundwater monitoring.70 Generally, impacts of changing demands on groundwater systems, whether due directly to climate changes or indirectly through changes in land use or surface-water availability and management, are likely to have the most immediate effects on groundwater availability;67,71 changes in recharge and storage may be more subtle and take longer to emerge. Groundwater models have only recently begun to include detailed representations of groundwater recharge and interactions with surface- water and land-surface processes,50 with few projections of groundwater responses to climate change.68,72 However, surface water declines have already resulted in larger groundwater withdrawals in some areas (for example, in the Central Valley of California and in the Southeast) and may be aggravated by climate change challenges.73 In many mountainous areas of the U.S., groundwater recharge is disproportionately generated from snowmelt infiltration, suggesting that the loss of snowpack will affect recharge rates and patterns.50,51,66,74 Models do not yet include dynamic representations of the groundwater reservoir and its connections to streams, the soil-vegetation system, and the atmosphere, limiting the understanding of the potential climate change impacts on groundwater and groundwater- reliant systems.75 As the risk of drought increases, groundwater can play a key role in enabling adaptation to climate variability and change. For example, groundwater can be augmented by surface water during times of high flow through aquifer recharge strategies, such as infiltration basins and injection wells. In addition, management strategies can be implemented that use surface water for irrigation and water supply during wet periods, and groundwater during drought, although these approaches face practical limitations within current management and institutional frameworks.71,76 Principal US Groundwater Aquifers and Use

Figure 3.6. (a) Groundwater aquifers are found throughout the U.S., but they vary widely in terms of ability to store and recharge water. The colors on this map illustrate aquifer location and geology: blue colors indicate unconsolidated sand and gravel; yellow is semi-consolidated sand; green is sandstone; blue or purple is sandstone and carbonate‐rock; browns are carbonate-rock; red is igneous and metamorphic rock; and white is other aquifer types. (Figure source: USGS). (b) Ratio of groundwater withdrawals to total water withdrawals from all surface and groundwater sources by county. The map illustrates that aquifers are the main (and often exclusive) water supply source for many U.S. regions, especially in the Great Plains, Misssissippi Valley, east central U.S., Great Lakes region, Florida, and other coastal areas. Groundwater aquifers in these regions are prone to impacts due to combined climate and water-use change. (Data from USGS 2005).



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sábado, 3 de mayo de 2014

Golpe judicial al ‘fracking’

Por primera vez una petrolera es condenada a indemnizar a una familia de Texas (EE UU) que enfermó por la proximidad a sus pozos de extracción de gas. Cuando en noviembre de 2008 Lisa Parr empezó a padecer migrañas y vómitos no se imaginaba que la veintena de pozos para la extracción de gas que rodean su casa, en Decatur, Texas (EE UU), podían tener algo que ver con sus problemas de salud. Sarpullidos, hemorragias y fiebres se sumaron a la larga lista de síntomas que durante los siguientes dos años la forzaron a ingresar varias veces en el hospital. Su marido, Robert, y su hija, Emma, también enfermaron. En 2011 la familia Parr demandó a la petrolera Aruba Petroleum. El pasado 22 de abril, casualmente el Día de la Tierra, un tribunal condenó a la empresa a indemnizar con 2,9 millones de dólares (2,1 millones de euros) a la familia porque considera que sus dolencias están relacionadas con las operaciones de fracking de los pozos de Aruba. Si los Parr llegarán a cobrar esa cantidad —el fallo puede recurrirse— o si la sentencia puede considerarse un precedente, aún está por ver. Lo que sí es cierto, y así lo han destacado los medios estadounidenses durante estos días, es que se trata de la primera indemnización millonaria por un caso de afectación a la salud relacionado con el fracking, la controvertida técnica de extracción de gas natural que genera innumerables dudas medioambientales. El fracking, o fracturación hidráulica, consiste en inyectar en el subsuelo agua a presión mezclada con arena y sustancias químicas para liberar el gas que se encuentra atrapado en la roca. El caso es inusual no solo por el fallo y la cantidad, sino por el mero hecho de haber llegado a un tribunal. Generalmente las demandas por los efectos sobre el medio ambiente y la salud de esta técnica —que se ha extendido por Estados Unidos durante la presidencia de Obama con la promesa de aumentar la independencia energética del país— se han saldado con acuerdos extrajudiciales e indemnizaciones económicas que nunca salen a la luz. La de los Parr llegó a juicio y un jurado popular dio la razón a la familia por cinco votos a favor y uno en contra. El veredicto contempla el pago del equivalente a 198.000 euros por pérdida de valor de la propiedad de los Parr, 180.000 por futuras consecuencias para su salud, otros 288.000 por daños psicológicos y 1,4 millones por los problemas médicos causados hasta ahora. David Matthews, uno de los abogados que ha representado a la familia, explicó a EL PAÍS que la empresa nunca propuso un acuerdo extrajudicial y accedió a que el caso fuera decidido por un jurado popular. “Estamos convencidos de que la empresa tiene que pagar por su responsabilidad y, a pesar de que un juicio puede resultar muy caro, siempre creímos que los Parr tenían razón y que no había otra opción más que acudir a los tribunales”, afirma. La familia Parr alegó en su demanda que las operaciones de Aruba Petroleum en las inmediaciones de su vivienda contaminaron el ambiente haciendo enfermar a su familia y a su ganado y forzándoles a mudarse a otra localidad. Según la firma de abogados que les asesoró, la técnica de fracking implica el uso de centenares de componentes químicos, incluidos algunos cancerígenos, que no son eliminados una vez que entran en contacto con el terreno. Aún hay pocos estudios que relacionen directamente las instalaciones que usan esta técnica de extracción de hidrocarburos con posibles perjuicios para la salud, explica el geoquímico e investigador del CSIC Xavier Querol. “El problema son los componentes químicos de la mezcla de líquido que se inyecta en el subsuelo. Muchos de ellos son tóxicos”, señala. “Las empresas no desvelan qué sustancias emplean. Si se trata de hidrocarburos aromáticos como el benceno, que es cancerígeno, obviamente supone un peligro”, añade. Precisamente, un estudio publicado en 2012 en la revista Science of the Total Environment encontró altas emisiones de contaminantes como el benceno. Según otro artículo publicado en diciembre pasado en la revista Endocrinology, entre el cóctel de sustancias que se emplean hay 12 consideradas disruptores endocrinos, es decir, alteradores del equilibrio hormonal que se relacionan con infertilidad y cáncer, entre otros problemas de salud. Los investigadores de la Universidad de Missouri (EE UU) tomaron muestras de agua en una zona con gran densidad de pozos y las compararon con las de áreas menos explotadas. Descubrieron que la actividad estrogénica, antiestrogénica, androgénica... era muy superior en la zona con muchos pozos de fracking. El examen de toxicología al que se sometió la familia Parr encontró más de una veintena de químicos en su sangre, según los abogados de la familia. En el caso de sus vecinos, un especialista en contaminación ambiental detectó presencia de hidrocarburos como benceno, tolueno, etilbenceno y xileno. Hasta ahora, la mayoría de las demandas se ha centrado en los daños materiales por deterioro del entorno, y no en los perjuicios a la salud. La empresa Aruba Petroleum mantuvo durante el juicio que sus operaciones cumplen con la regulación vigente y que no se le puede relacionar directamente con los síntomas padecidos por esta familia. “Esto indica que sigue siendo una corporación que no quiere asumir la responsabilidad de los daños causados”, asegura el abogado de los Parr. Según datos citados por The Wall Street Journal, más de 15 millones de estadounidenses viven a una distancia inferior a un kilómetro y medio de un pozo de extracción. La resolución de la demanda de los Parr puede abrir paso a nuevas reclamaciones similares y convertirse además en un argumento a favor de los que rechazan esta práctica. Sin embargo, fuentes jurídicas citadas por la cadena CNN afirman que es poco probable que un fallo así vuelva a repetirse, e incluso que la familia podría perder la apelación. Varias autoridades han solicitado a la Administración Obama que elabore nuevas regulaciones que ajusten las actividades de estas empresas a estándares de calidad que tengan en cuenta los efectos detectados hasta ahora. El presidente del Fondo para la Defensa Medioambiental, Fred Krupp, planteaba el pasado fin de semana en la revista Foreign Affairs la creación de un marco legal que reduzca los riesgos mientras protege los beneficios económicos de esta industria. La asociación que representa a las empresas del fracking en España, Shale Gas España, recuerda que la legislación medioambiental en Europa es mucho más estricta que en Estados Unidos y que garantiza la protección del medio ambiente y el control de los posibles tóxicos. En EE UU, el fracking se ha beneficiado de varias lagunas en las leyes, como explica Scott A. Elias, profesor de Ciencia Cuaternaria de la University of London en la revista Earth and Environmental Science. El fracking es la excepción en dos importantes leyes federales (la de agua potable y la de agua limpia) al permitir la inyección de productos químicos tóxicos en los pozos y la falta de tratamiento del agua sobrante que se almacena. Además, las empresas, según recuerda Elias, no están obligadas a revelar el cóctel de sustancias que usan, por considerarse secreto industrial.

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